El Hombre Perfecto (Contradicciones)
La única razón por la que me siento alienado es porque no conseguí lo que quería de este mundo.
34 años después del día en que fui traído al mundo sin mi consentimiento, todavía estoy intentando descifrar el rompecabezas de la existencia.
He probado todos los remedios que ofrece el mundo moderno.
— Los excesos que exprimen la serotonina en el cuerpo: el sexo, las drogas y el alcohol.
— La búsqueda de redención que ofrecen los caminos espirituales: La confesión cristiana y la meditación budista. Aún estoy esperando la respuesta de algún Dios.
— La introspección filosófica: Estudiaba con dedicación las ideas de quienes se han atrevido a ahondar en la razón, la existencia y el ser. En algún momento me detuve cuando sentí que me enterraba cada vez más profundamente en él sin sentido de la vida.
Y a lo largo de mi búsqueda, las preguntas siempre han sido las mismas.
¿Qué es ser feliz?
¿Cómo encuentro mi propósito?
¿Por qué no me siento parte de este mundo?
¿Dónde se encuentra el amor verdadero? Ese del que nos hablan en las películas y que parece ser indispensable para sentirse completo.
¿Es siquiera necesario amar?
¿Cómo acabo con la angustia de sentir que la muerte se acerca mientras los días pasan de manera inerte y sin novedad?
¿Es posible sentir emoción por el futuro y no esta escandalosa indiferencia con que paso mis días?
¿Cómo carajo puedo conocer lo que yo quiero de este mundo?
¿Qué hago yo aquí?
A veces desearía no pensar.
Para encontrar la razón del actual estado de inercia en el que me encuentro en medio de la nada, me parece prudente hacer un breve repaso por los caminos de mi vida.
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Hace ya 1 año que decidí refugiarme en un lugar recóndito de un pequeño pueblo que no se encuentra en los mapas.
Con un poco de inversión, compre un pequeño terreno que tenía una humilde casa, suficiente para un hombre sin grandes aspiraciones como yo.
Y aquí pasos mis días, cultivando mi comida, criando mi ganado, sobreviviendo solo con lo necesario.
A veces veo a mi perro y siento envidia.
Pues su mente está programada para ser feliz solo con el hecho de tener lo necesario para subsistir (o eso creo)
Mientras yo, como quizás la mayoría de los humanos, me preocupo por cosas que parecerían banales a los ojos de una bestia consciente.
Y es que ni siquiera sé lo que me preocupa.
Solo sé que, por más que lo he intentado, el vacío que siento en el alma me ha puesto en un estado catatónico, inactivo, matando tiempo hasta que el tiempo me mate.
La mayor parte de mi vida he tratado de convertirme en el “hombre perfecto”, pues pensaba que así lograría esa felicidad que solo parece ser parte de libros de fantasía y películas en las que parece que el protagonista finaliza su historia con una sonrisa sincera que no se apagara durante el resto de su vida.
Sin embargo, el mundo y las contradicciones de sus habitantes hacen difícil entender qué y quién es este ser humano que parece haber encontrado la felicidad y el propósito de su vida.
A continuación, un par de ejemplos de las situaciones que me llevaron a la locura.
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Mamá (cuando yo tenía 12 años):
— Hijo, el día que encuentres el amor, el día que sientas que esa es la persona que te complementa, no la dejes ir. El amor se consigue con suerte, pero se mantiene con esfuerzo. Las tentaciones abundan, pero la tranquilidad de un corazón en paz, que ha conseguido el refugio para sus pesares en otra persona, es invaluable.
Cuando mi mamá dijo esto, ya tenía 10 años divorciada. En su rostro cada año se notaba más la huella de la soledad y de un alma abandonada, desesperada con sentirse protegida.
Con el tiempo pensé que el amor no es más que una droga innecesaria.
Papá (Cuando yo tenía 17 años):
— Hijo, las personas van y vienen. Lo único importante es vivir el aquí y el ahora, pues mañana quizás no estemos aquí. Usted no necesita a nadie, ¿está claro?
Mi padre me dio este consejo 2 horas antes de ir a verse con una de sus novias. Se le veía emocionado. Sin embargo, en esas pocas ocasiones en las que no tenía a nadie con quien pasar la noche, invertía su tiempo en el alcohol, esperando que alguna mujer le escribiera por teléfono para no sentirse solo.
Con sus acciones, más que con sus palabras, entendí que todos, jóvenes y adultos, nos decimos mentiras a nosotros mismos para reconfortarnos.
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Álvaro (uno de mis mejores amigos, con quien corte comunicación el día que escape de la civilización):
— Compadre, los hombres no están hechos para sentir tristeza. Esas son cosas de mujeres o del primer mundo. A este mundo vinimos a follar, hacer plata y conseguir respeto y gloria. Confía en pocos, y solo dedícate a hacer lo que te toca: Ser tu mejor versión cada día para que nunca te falte nada y tener todo eso que siempre soñaste.
Y sí, a Álvaro materialmente no le faltaba nada. Pero esa incesante búsqueda de más y más y más parecía no tener fin. En muchas ocasiones vi a Álvaro estresado por algún negocio fallido.
Álvaro tenía muchas cosas: todo menos paz.
Sara (una de mis exnovias):
— Amor, confía en mí. No tienes que reservarte conmigo. Quiero ser tu lugar seguro. Déjame escuchar tus angustias, tus preocupaciones, tus sueños y esperanzas. Para eso estamos juntos. Te amo.
Días después de pronunciar estas palabras, en un momento a solas en nuestra habitación, decidí utilizar esta invitación para abrirme con ella. Y fue casi como si todas mis frustraciones y tristezas explotaran en la forma de llantos y lamentos desde lo más profundo de mi corazón. Momentos después, me sentí aliviado y seguro.
Creo que 2 meses después nuestra relación termino. Y la evidencia me dejo ver que la razón de nuestra separación fue, en pocas palabras, aquello que siempre me había advertido Álvaro “Los hombres no lloran, compadre.”
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Bernardo (uno de mis profesores en la universidad cuando estudie sociología, y de las personas más abstractas e infelices que he conocido):
— ¡Jóvenes! Ustedes están aquí por una razón: Tienen el poder de cambiar el mundo. Lo único que importa en la vida es la huella que dejen en la historia. ¡Sean ustedes, pues los constructores de un mundo mejor! Existimos para servir.
Esto con el tiempo me pareció innecesario y hasta falso. No somos más que hormigas microscópicas en medio de infinitos universos. Este mundo está destinado a explotar en unos cuantos millones de años, incluso antes si como humanidad nos adelantamos. ¿Qué sentido tiene tener un legado en una existencia finita?
Elena (una hippie que conocí en alguna estación de buses y con quien conviví por unos meses hasta que nuestras propias inseguridades nos hicieron dividir nuestros caminos):
— Tienes que vivir el día a día amigo. El futuro no existe aún, el pasado ya paso. Lo único real es el presente… ¡Vívelo!
Sin embargo, durante nuestro viaje ella me confesó muchas veces que se sentía igual de perdida que yo en el mundo. A veces se preocupaba por no saber donde dormiría esa noche. E incluso cuando la incertidumbre silenciaba su corazón, en su cara podía notar que ella siempre añoró sentir un lugar como su hogar.
Nadie es ajeno a la soledad, la tristeza y los vacíos emocionales que deja el ser un vagabundo en este mundo.
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El dinero no da la felicidad.
Pero sin dinero no puedes conseguirla.
Sé tú mismo.
Pero tranquilízate si pareces muy extrovertido.
Encuentra tu propósito en la vida.
Pero no pierdas tiempo buscándolo, es más, ya ni lo busques, solo dedícate a hacer plata.
Ama con todo tu corazón.
Pero no seas intenso, pues nadie merece sentirse tan especial.
Persigue con todas tus fuerzas tus sueños.
Pero si no sabes lo que quieres (como la mayoría de quienes habitamos este planeta), aquí tienes un poco de éxtasis y marihuana para que te sientas bien un rato.
Encuentra tu propósito en la vida.
Pero si no lo consigues, confórmate con solo filosofar hasta el día de tu muerte. En tus últimos días serás infeliz, pues quizás descubras que al final nada tiene sentido.
Aprende que la felicidad no es la meta, sino el camino.
Pero si en este camino te sientes inerte y vacío, pues acéptalo, todos estamos igual.
Si sientes ese vacío, quizás con terapia lo puedes resolver.
Pero entiende que la terapia no es un proceso que termina, pues este tratamiento solo te ayuda a lidiar con las cosas que son un peso en tu existencia.
Y si no sabes qué haces aquí en este mundo,
Solo vive hasta que no puedas más. En el camino sonreirás y te sentirás bien en un par de ocasiones.
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Hace 1 año y 2 meses que estoy en mi pequeño refugio.
Nada ha cambiado. A las 5 me levanto a darle comida a los animales. Luego cuido de mis cosechas. Durante el día, mientras espero la muerte, me dedico a escribir, tal vez algún día entre mis miles de páginas que están tiradas en el sucio piso de mi habitación, encontraré la respuesta para disfrutar del poco tiempo que el destino me regalo en este planeta.
Aunque con solo conseguir paz y callar estas dudas que tengo en mi cabeza es suficiente para mí.
Porque ser feliz pasa por conocerse primero a uno mismo.
¿Cómo uno llega a ese punto?
He hecho de todo en esta vida:
— He tenido decenas de trabajos diferentes.
— He amado de todas las maneras posibles, con intensidad y con restricciones.
— He probado todas las opciones que ofrece el mundo para silenciar las dudas existenciales: He bailado, cantado, escrito, dicho y hecho demasiadas cosas para contarlas en estas paginas. Y cada vez que he terminado cada una de estas acciones, he sentido el mayor de los vacios existenciales, pues entendi que solo buscaba mil y un maneras de que mi cuerpo liberara hormonas para sentirme feliz de a raticos, sustancias que hacen que el cerebro no piense en si mismo.
La consciencia de que existo y de que debo hacer algo con esta oportunidad que el destino me ha dado en el planeta me tortura.
Casi siempre siento envidia de mi perro.
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